sábado, 1 de enero de 2011

Estatuas transparentes

Dicen que los deseos que se piden,
se pierden o se quedan,
como las cigüeñas que posan en el campanario de la iglesia de Gallur.
Las averías surgen,
de vez en cuando,
cuando se colapsa el servicio postal
y en el silencio,
una melodía ameniza los tiempos de tránsito.

La pintura de colores,
aquella que adorna las favelas de una ciudad brasileña,
alegra el teatro de la aldea global,
en donde la pobreza no está lejos
sino debajo de las casas
o tras la pulsación de una tecla,
en eso que llaman la red.

La suerte o la buena fortuna,
como gusta a algunas mentes privilegiadas decir,
no depende del emprendedor y de la empresa sólo
pues la constancia, el trabajo y el espíritu,
aún siendo buen aval o buena vela.
Son los vientos los que finalmente empujan la embarcación.

Son los hospitales el final de nuestro trayecto y las listas del paro,
las que acaban rompiendo los callos de nuestros dedos y hacer parar los latidos de nuestros corazones,
que no han sido llamados al lujo y el desprecio
sino a la cordura, la sencillez y la revolución de los pobres.

martes, 14 de diciembre de 2010

Welcome Zaragoza, Welcome New York

Los taxis amarillos juegan con el resto de los vehículos y
al frente un hombre de gabardina gris ojea el New York Times.
Unas mujeres de altivo tacón pasan sin mirar los escaparates de las tiendas de la inmensa avenida y
una llamarada produce saliva a quien espera a comprar un hot dog.
Ristorante y Döner Kebab ofrecen generosamente llenar la panza al más osado y
al de corbata le habla en inglés, un ataviado joven con gafas oscuras y porte de caballero.

Un bus, que para en una parada, despoja viajantes de su almacenaje
y al lugar acude un local que ya no marcha en su vehículo debido a lo que llaman recortes municipales.
Dos adultos acuden a un Carpanta a ritmo al que acudiría un grupillo de jóvenes al Calamar Bravo
y una ambulancia grita y acelera al encontrar un espacio mínimo que le han cedido los automóviles.
Unos muchachos, que en bicicleta, recorren los grandes caminos urbanos, exhiben sus camisetas con grandes logotipos
y una moceta parece hablar con un aparato que lo lleva colgando mientras lleva en su mano izquierda un portafolio.
El sol se queda en el retrovisor de una vespa deslumbrando un pequeño quiosco que ofrece un sinfín de publicaciones
y todo confluye tras el efecto 2000 y las revoluciones globales.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Adiós al súbdito

La lija ya no peina sus cabellos
y descansa sobre una sencilla silla de madera.
Los laureles y las joyas no adornarán su cuerpo
porque ya se ha olvidado de ellos
y su vista no se alzará sobre otros.

Ahí, junto a la silla,
el gran júbilo y el sol de invierno calientan
las tejas que descansan apaciguadas
mientras el cierzo replica:
¿Y a mí qué me importa
el binomio Codicia- Ambición?

jueves, 14 de octubre de 2010

Palabra de Cincinato

Al trigo bronceado por la tarde
le espera la guadaña para recoger el cereal en los meses que corresponden.
Al lápiz, el papel.
Luego recoge los trocitos de grafito creando pictogramas, símbolos y otras dimensiones expresivas.

Al amanecer,
en las Termópilas,
aún ven el resplandor de los escudos de unos pocos,
alineados hacia el espolón de las naves atenienses,
las cuales, pacientes, se dirigen a Salamina.

Al atardecer,
junto al Tíber,
el sol señala las tierras del patricio
que salvó a Roma en dos ocasiones
y tras ello, volvió sus manos hacia sus cosechas.

Y en la capital del Mare Nostrum hoy,
en donde se divisó a un hombre canoso,
se ve a un greengo, quien confió sus palabras
al ardor de un universitario.

Cuatrienios o lustros desgastados
se vuelven impuros
y los pañuelos se pueden volver a un palco,
inundado de entalladas condecoraciones
del laurel pasado, en donde, se adivina una inscripción:
Hominem te esse memento!

martes, 5 de octubre de 2010

A los que se van

Algún aragonés no tomó lejanas tierras
ni se evacuó por el Ebro.

La maleta no se fue consigo, ni fue su única compañera.
No se fue, ni cantó una albada al que se iba.
Ni dejó caer un pañuelico sobre su mejilla
pero su voz ruge en el adiós y se pierde.

Alguno dirá que la suele encontrar en el reino de los Mallos,
o en la fortaleza que rodea el ibón de Estanés,
o entre el polvo de un fortín en la Ribera Baja.

Alguno dirá que llegó a los confines del delta,
o a las lineales avenidas del undécimo distrito de Massachusetts,
o al desgastado colorido del bazar más grande de la ciudad de Rawalpindi.

Pero su voz también ruge en el adiós.

viernes, 3 de septiembre de 2010

La casa

Las limas sirven al retoque de la realidad,
aquéllas que nos envuelven las noches cortas.
Una vez , vi una casa con oscura pizarra,
tan acogedora como una manta que envuelve el lecho en invierno.
Se asomaba junto a un páramo y junto a éste, el Ebro bajaba cristalino.

Pronto, el sol lo tiñó de color tierra
y la pizarra se volvió arcilla
enblandecida tras el paso de los años,
deslumbrando con el extraño marrón
de los soldados uniformados obligados
a servir a su Majestad.

Pero sé que cuando la niebla imponga su murmullo sosegado sobre las piedras angulosas desgastadas por el paso de las primaveras y de los otoños,
la pizarra se levantará para fijarse
hasta que estelas miren hacia el estrellado campo.

lunes, 10 de mayo de 2010

Junto al río

Acerca del abandono de un libro de Robert Burns en la mesilla de noche.

Cuando el mármol reluce en su última hora del día
y las viejas se recogen adentrando las sillas hacia el interior de sus portales para ponerse a cocinar...
Cuando los motores de los tractores y las furgonetas dejan de pronunciar palabra,
Ya no hay tiempo, ¡a dormir!

Cuando la sangre reluce hacia digestiones
y la suavidad se vuelve una mano fresca que ondea como el dedo de un lector sobre la superfice de un palimpsesto...
Cuando en una institución pública es ya imposible la compulsación,
hay tiempo para dormir.

Y allá en donde bajel se convierte en acorazado de lo que no se ve
y es oráculo,
hay tiempo, ¡a dormir!