Al trigo bronceado por la tarde
le espera la guadaña para recoger el cereal en los meses que corresponden.
Al lápiz, el papel.
Luego recoge los trocitos de grafito creando pictogramas, símbolos y otras dimensiones expresivas.
Al amanecer,
en las Termópilas,
aún ven el resplandor de los escudos de unos pocos,
alineados hacia el espolón de las naves atenienses,
las cuales, pacientes, se dirigen a Salamina.
Al atardecer,
junto al Tíber,
el sol señala las tierras del patricio
que salvó a Roma en dos ocasiones
y tras ello, volvió sus manos hacia sus cosechas.
Y en la capital del Mare Nostrum hoy,
en donde se divisó a un hombre canoso,
se ve a un greengo, quien confió sus palabras
al ardor de un universitario.
Cuatrienios o lustros desgastados
se vuelven impuros
y los pañuelos se pueden volver a un palco,
inundado de entalladas condecoraciones
del laurel pasado, en donde, se adivina una inscripción:
Hominem te esse memento!
jueves, 14 de octubre de 2010
martes, 5 de octubre de 2010
A los que se van
Algún aragonés no tomó lejanas tierras
ni se evacuó por el Ebro.
La maleta no se fue consigo, ni fue su única compañera.
No se fue, ni cantó una albada al que se iba.
Ni dejó caer un pañuelico sobre su mejilla
pero su voz ruge en el adiós y se pierde.
Alguno dirá que la suele encontrar en el reino de los Mallos,
o en la fortaleza que rodea el ibón de Estanés,
o entre el polvo de un fortín en la Ribera Baja.
Alguno dirá que llegó a los confines del delta,
o a las lineales avenidas del undécimo distrito de Massachusetts,
o al desgastado colorido del bazar más grande de la ciudad de Rawalpindi.
Pero su voz también ruge en el adiós.
ni se evacuó por el Ebro.
La maleta no se fue consigo, ni fue su única compañera.
No se fue, ni cantó una albada al que se iba.
Ni dejó caer un pañuelico sobre su mejilla
pero su voz ruge en el adiós y se pierde.
Alguno dirá que la suele encontrar en el reino de los Mallos,
o en la fortaleza que rodea el ibón de Estanés,
o entre el polvo de un fortín en la Ribera Baja.
Alguno dirá que llegó a los confines del delta,
o a las lineales avenidas del undécimo distrito de Massachusetts,
o al desgastado colorido del bazar más grande de la ciudad de Rawalpindi.
Pero su voz también ruge en el adiós.
viernes, 3 de septiembre de 2010
La casa
Las limas sirven al retoque de la realidad,
aquéllas que nos envuelven las noches cortas.
Una vez , vi una casa con oscura pizarra,
tan acogedora como una manta que envuelve el lecho en invierno.
Se asomaba junto a un páramo y junto a éste, el Ebro bajaba cristalino.
Pronto, el sol lo tiñó de color tierra
y la pizarra se volvió arcilla
enblandecida tras el paso de los años,
deslumbrando con el extraño marrón
de los soldados uniformados obligados
a servir a su Majestad.
Pero sé que cuando la niebla imponga su murmullo sosegado sobre las piedras angulosas desgastadas por el paso de las primaveras y de los otoños,
la pizarra se levantará para fijarse
hasta que estelas miren hacia el estrellado campo.
aquéllas que nos envuelven las noches cortas.
Una vez , vi una casa con oscura pizarra,
tan acogedora como una manta que envuelve el lecho en invierno.
Se asomaba junto a un páramo y junto a éste, el Ebro bajaba cristalino.
Pronto, el sol lo tiñó de color tierra
y la pizarra se volvió arcilla
enblandecida tras el paso de los años,
deslumbrando con el extraño marrón
de los soldados uniformados obligados
a servir a su Majestad.
Pero sé que cuando la niebla imponga su murmullo sosegado sobre las piedras angulosas desgastadas por el paso de las primaveras y de los otoños,
la pizarra se levantará para fijarse
hasta que estelas miren hacia el estrellado campo.
lunes, 10 de mayo de 2010
Junto al río
Acerca del abandono de un libro de Robert Burns en la mesilla de noche.
Cuando el mármol reluce en su última hora del día
y las viejas se recogen adentrando las sillas hacia el interior de sus portales para ponerse a cocinar...
Cuando los motores de los tractores y las furgonetas dejan de pronunciar palabra,
Ya no hay tiempo, ¡a dormir!
Cuando la sangre reluce hacia digestiones
y la suavidad se vuelve una mano fresca que ondea como el dedo de un lector sobre la superfice de un palimpsesto...
Cuando en una institución pública es ya imposible la compulsación,
hay tiempo para dormir.
Y allá en donde bajel se convierte en acorazado de lo que no se ve
y es oráculo,
hay tiempo, ¡a dormir!
Cuando el mármol reluce en su última hora del día
y las viejas se recogen adentrando las sillas hacia el interior de sus portales para ponerse a cocinar...
Cuando los motores de los tractores y las furgonetas dejan de pronunciar palabra,
Ya no hay tiempo, ¡a dormir!
Cuando la sangre reluce hacia digestiones
y la suavidad se vuelve una mano fresca que ondea como el dedo de un lector sobre la superfice de un palimpsesto...
Cuando en una institución pública es ya imposible la compulsación,
hay tiempo para dormir.
Y allá en donde bajel se convierte en acorazado de lo que no se ve
y es oráculo,
hay tiempo, ¡a dormir!
lunes, 26 de abril de 2010
Bajo un cartel de la revolución de los claveles
De chico, parado o desplazándome, me gustaba ver
y ver unos carteles en los pasillos del colegio.
Me gustaba meterme en esos carteles
unos instantes y en unas ideas,
en donde un clavel y un niño podían acallar los fusiles
de los mayores convirtiéndolos en tallos
vivos sólo para adornar lo que antes era frágil, ahora piedra eterna.
Dicen que las ideas más valen un fusil
pero no valen ni una dictadura de izquierdas ni de derechas,
pues eso hacen los fusiles, simples dictaduras que acallan las libertades.
y ver unos carteles en los pasillos del colegio.
Me gustaba meterme en esos carteles
unos instantes y en unas ideas,
en donde un clavel y un niño podían acallar los fusiles
de los mayores convirtiéndolos en tallos
vivos sólo para adornar lo que antes era frágil, ahora piedra eterna.
Dicen que las ideas más valen un fusil
pero no valen ni una dictadura de izquierdas ni de derechas,
pues eso hacen los fusiles, simples dictaduras que acallan las libertades.
jueves, 8 de abril de 2010
¡Oxígeno!
En el acero de la noche
la rueda se estanca, se adormila
y los cajeros dejan ser hogares tras jornadas de negocio.
Las joyas escoden a sus dueños sus propios estercoleros
que intentan no verse en sus conciencias
manchando el nombre de sus hijos, deslucidos con bienes y otras riquezas.
La res pública se encierra, no sale a la calle
no mira a sus ciudadanos a los ojos
sino miente y desvaría dejando taparse por una lisa bandera.
Y al caer la noche los cajeros dejan ser hogares,
las parejas estables y las penurias adormiladas
cuando a mucho pueblo falta pan a ritmo de famoseo y fútbol.
la rueda se estanca, se adormila
y los cajeros dejan ser hogares tras jornadas de negocio.
Las joyas escoden a sus dueños sus propios estercoleros
que intentan no verse en sus conciencias
manchando el nombre de sus hijos, deslucidos con bienes y otras riquezas.
La res pública se encierra, no sale a la calle
no mira a sus ciudadanos a los ojos
sino miente y desvaría dejando taparse por una lisa bandera.
Y al caer la noche los cajeros dejan ser hogares,
las parejas estables y las penurias adormiladas
cuando a mucho pueblo falta pan a ritmo de famoseo y fútbol.
lunes, 8 de marzo de 2010
Sol en una tarde de marzo
El boj desenrosca la libertad
y gotas, en terciopelo.
El pequeño corcel busca la noche,
que no el día.
Corta y pega el escolar
con bata de líneas verticales y
La paciente maestra simplifica en la pizarra.
Una mamá de rubia corona, en donde, germina el Inti en gran corona
empuja el pequeño carrito en donde abrigado esconde a su niño.
La vieja por el balcón saluda
y el bus serpentea y para, para y serpentea como dejando caer el tiempo entre Cervero y Caronte.
Y la nueva vía saluda
y el bus vuela y para, para y vuela como dejando caer el tiempo entre el Averno y los Elíseos.
Dante ahí anda…
y Diego reposa junto a Isabel, cerca de donde Alfonso de Borbón escucha a doña Mercedes.
Alguien entra pero sale y dos adolescentes continúan el paso con sus mochilas,
de donde un día sacaron esos versos que escribí.
y gotas, en terciopelo.
El pequeño corcel busca la noche,
que no el día.
Corta y pega el escolar
con bata de líneas verticales y
La paciente maestra simplifica en la pizarra.
Una mamá de rubia corona, en donde, germina el Inti en gran corona
empuja el pequeño carrito en donde abrigado esconde a su niño.
La vieja por el balcón saluda
y el bus serpentea y para, para y serpentea como dejando caer el tiempo entre Cervero y Caronte.
Y la nueva vía saluda
y el bus vuela y para, para y vuela como dejando caer el tiempo entre el Averno y los Elíseos.
Dante ahí anda…
y Diego reposa junto a Isabel, cerca de donde Alfonso de Borbón escucha a doña Mercedes.
Alguien entra pero sale y dos adolescentes continúan el paso con sus mochilas,
de donde un día sacaron esos versos que escribí.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)